SOCIAL MEDIA

5 de septiembre de 2021

CAOS & DOLOR


Eran muchos los necios que pensaron que esto nunca ocurriría. Necios, e ilusos. Así podemos llamarlos. Afirmamos que de un montón de vidas se valieron y de que muchas almas consiguieron dominar. Porque lo que hoy les cuento... podría ser verdad, hablamos de víboras, serpientes, de dinero sucio y corrupción enraizada en un sin fin de líos, entre Sodoma y Gomorra. Porque yo me se tus líos y tú te sabes los míos (o creíamos saberlos). Y de los presentes que hoy estamos aquí reunidos... ni Dios habla.

Porque... ¿Quién desenfundará primero?, ¿Quién se atreverá a pegar el primer tiro? 

Entre tus líos y los míos, han podido crecer raíces. Menos mal... que no se dio la ocasión...  o ¿puede que sí? 

Enlaces que tuvimos controlados con aplicaciones de seguimiento las cuales nos aseguraban el futuro. La posible consecuencia de nuestros actos estaba en manos del sujeto "controlado". Porque el timador nunca podría ser estafado... ¿o sí? 

Grabaciones que serían nuestro seguro de vida, nuestra más firme prueba que demostrara aquello que nos hacía daño... números de cuentas con beneficio de sobra para amenazar a quién quisiéramos, movimientos de unas cuentas a otras... que nos darían la opción de... huir si fuera necesario, de maquillar lo que no existía. 

Sin mirar atrás, solos con la maleta llena de dinero y un seguro de vida para nuestros seres más queridos... uno o dos. 

Sabíamos lo que teníamos que hacer y no nos tembló el pulso. Todo aquel que supiera nuestro plan, tenía dos opciones; o estaba dentro, o debía ser eliminado. Todo aquel que tuviera información en contra nuestra... en un ordenador, una Tablet, un pen drive o un teléfono.... debía ser extraído (robado) y posteriormente escaneado para ver la información. Pero no todo el mundo pasó por lo mismo... alguien mucho más listo ... que ellos... se escapó. 

Cuando se dieron cuenta.... la orden fue: extraer la información del aparato sin tocarle ni un pelo, ni un sólo pelo. Éramos hijos de ****, pero al fin y al cabo…había algo en nuestro interior que nos hacía parar...  Teníamos un límite: El corazón. Los latidos que oíamos a kilómetros al escuchar su nombre y la mera posibilidad de hacerle daño y quedar como monstruos, siendo almas errantes y progenitores ... era algo impensable.... 

En su gran escala de daños colaterales, del 1 al 10... el robo estaba en el 6. Muy fuerte, a su parecer tampoco era... sin embargo... ponerle una mano encima a una persona, no. Era inviable. Y quién no cumpliera ese requisito...sería castigado. Porque el maltratador golpea solo, por su cuenta. No necesita que nadie pegue por él.

Porque al fin y al cabo esa persona había traído algo más que el dolor y la suciedad que ya había en una sociedad corrupta y malograda.  Trajo consigo, algo tan raro y tan poco común que sólo se da en ambientes saludables y sanos, no en el nuestro. Un amor del que alguno que otro bajó la guardia ... y al darse cuenta no había medio en la tierra que pudiera enfrentarlo. Pues ya sabía mucho más... que nosotros. Medios que pudieran... “domarlo” cual caballo salvaje.